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¡En tiempo de nación!

¡Cuidémonos de Haití!

Titulaba Ramón Font Bernard, en el año de 1970, un artículo dirigido al gran político e historiador doctor Julio Campillo Pérez, refiriéndose a los regímenes de gobiernos que han servido para institucionalizar la República Dominicana, de la manera siguiente: Hay una técnica para fabricar violines y otra para tocar el violín.

Indudablemente que concuerdo a pie juntillas, con el inmenso intelectual criollo Ramón Font Bernard Briñez, que los gobiernos militares, como el dirigido por el general Gregorio Luperón -el más civilista de todos- y conducido por otros militares de la República, como en el inicio, el general Pedro Santana Familia, Buenaventura Báez, Ramón Cáceres y Horacio Vázquez Lajara.

Ninguno de esos regímenes pudo institucionalizar el país, estabilizarlo y darle infraestructuras propias y lo que hoy llaman la marca país, enfrentaron siempre la montonera y la traición subversiva.

Font Bernard

Refiere don Ramón Font Bernard que para interpretar nuestro convulso y difícil proceso político histórico, los dominicanos debemos leer la monografía titulada, El grillo y el ruiseñor, del doctor Campillo Pérez, y donde pone de relieve dos tiranías, la del general Ulises Heureaux, conocido como Lilís, y la del generalísimo Rafael L. Trujillo Molina -El Jefe-,  1930 – 1961 (31 años y 6 meses).

En medio de estas elecciones que se aproximan en casi 30 días, los dominicanos no buscamos milagros y mucho menos exhibición de pirotecnia de teorías en período de incubación. 

Tampoco procuramos actuaciones con desbordamientos demagógicos. Sin embargo, como dice el Eclesiastés: ‘’El que observa mucho los vientos no sembrará y el que mira a las nubes no recogerá nunca cosecha’’. 

El país observa, la necesidad de un gobierno que pueda salvar y pueda estabilizar la nación de los dominicanos. Un liderazgo que equilibre y que a su vez le ponga nivel a los niveles existentes, que constituyen muchas veces privilegios irritantes.

Esa labor no es la de ningún impaciente en acecho como el gato al ratón, requiere una virtud y una vocación de los que retornan, porque tienen calidades para el retorno, porque son no predestinados, sino necesarios en circunstancias como las actuales, en que no se puede, aunque se quisiera, escapar a las circunstancias que aquejan a la sociedad dominicana y un vecino haitiano destruido, pidiendo limosnas en los foros internacionales.

Trujillo

Desde la capacidad para ser generoso con la crítica, para garantizar la libertad, para romper de manera definitiva con los círculos económicos predestinados, para no dar muestras de improvisación y tener una aptitud de rectificación y una visión de nuevos destinos del hombre dominicano, dentro y fuera del territorio  y de la nación dominicana.

Romper con la plutocracia del pasado, con el egotismo del presente, administrando con rigor y eficiencia los fondos públicos y reinvirtiéndolos en función del interés general de la nación, es la promesa más fundamental que puede hacer un líder político en este momento histórico, de tanta trascendencia, sobre todo, la quiebra del vecino haitiano de todas sus instituciones y las regulares afrentas con que la comunidad internacional compromete y pretende resolver la crisis política social económica y de la propia naturaleza medioambiental que vive del otro lado de la frontera haitiana.

Prejuzgar la política dominicana y omitir que hemos superado los atisbos dictatoriales de regímenes militares anteriores, es desconocer el presente y el espíritu nacional que anida a los dominicanos en la construcción de una patria dominicana para todos.

Quienes prejuzgan la política dominicana y mira las cosas a través de un cristal convexo, sin valorar que desde 1961, a la muerte o asesinato del Jefe por parte de sus propios seguidores, encumbrados en el régimen trujillista, la política dominicana ha neutralizado los efectos de esas tres décadas de dictadura y ha construido una nueva esperanza para esta nueva generación, que en forma imperfecta y con contenido democrático, albergamos que en estas elecciones se impongan las ideas de desarrollo político y económico por encima de lealtades inquebrantables con el mundo del crimen y el cohecho.

Haitianos atacando el palacio nacional de su país

Y recordando lo que dijera Ramón de Campoamor: ‘’No olvides un instante, qué es quedarse detrás y no ir adelante’’, La peor descomposición es la falta de fe y en esa, los dominicanos no podemos caer, ni ceder un ápice en nuestro lema: ‘’Dios, Patria y Libertad’’.

Cuando naufraga la esperanza, cuando perdemos la fe en nuestro propio esfuerzo, cuando en algún momento nos creamos lagunas para separar nuestro paso hacia delante en el camino, esa desesperanza constituye un peligro y puede convertirse, además, en un signo de descomposición social que quebrante el ideal patrio y vulnere en el fondo la soberanía nacional.

En el pasado, fue Juan Pablo Duarte y los jóvenes trinitarios, creadores del movimiento revolucionario, que dio triunfante la luz infinita de la República Dominicana.

En los conversatorios habituales con Don Ramón Font Bernard nos apuntalaba la falta de fe en los verdaderos líderes y nuestra habitual incapacidad de confiar en el esfuerzo de nuestros mejores hombres y eso produce todo un diluvio de desgracias políticas, que pueden ensombrecer los avances, que luego del proceso democrático ha consustanciado la sociedad dominicana, hasta este momento histórico.

Balaguer

La evolución hacia formas civilizadas de vida, representada por el preclaro presidente Ulises F. Espaillat, fueron contrarrestadas por las montoneras, la intriga y la subversión.

Quienes anuncian hecatombes sociales, sin la menor perspectiva de optimismo, olvidan que en nuestro país ha habido brazos y corazones de hombres y mujeres que han evitado grandes catástrofes humanas y sociales, en una gestión solidaria y bajo la convicción de consolidar actuaciones democráticas y de preservación de la vida de sus conciudadanos, en diferentes momentos políticos.

Cómo decía José Martí, "los tiempos grandes requieren grandes sacrificios". 

Por tanto, en estas polémicas públicas, desde mí poltrona del "Comité Francisco del Rosario Sánchez", requerimos, no un régimen frustrado, sino, por el contrario, un régimen de acción, sin tregua, sin pausas, y mucho menos, vacacional en el poder o invernar en el Palacio Nacional.

Necesitamos, los dominicanos, dinamizar con iniciativas inagotables la lámpara encendida que alumbró a la República por nuestros "Padres Fundadores" y que ese pebetero no se apague con el pesimismo y las conjeturas que, en esta etapa crucial de la existencia de la República Dominicana, pudiera soslayar el avance incontenible de nuestro pueblo dominicano, para nuevas y renovadas estructuras que hagan más democrática la vida de los ciudadanos, donde debe prevalecer la arenga, que más vale hacer qué decir.

Y termino con una frase muy repetida por mi querida y santa madre, quien fuera secretaria del presidente Joaquín Balaguer, en el Ministerio de Educación, apenas teníamos unos 4 años de edad, y como política innata, los recitaba de memoria, por su inteligencia y maestría.

Creen estos críticos, algunos de buena fe, que el que gobierna puede ser un simple planificador, sujeto estrictamente a las técnicas de la economía y olvidan que la política es una realidad implacable que no puede ser proscrita totalmente de los planes de quiénes están obligados a modelar, no sólo el mármol del futuro, sino también el barro a veces innoble y escurridizo del presente, de quienes están obligados a modelar.

Frase que tío Ramón escribía y apuntaba para 1970, la reelección del Dr. Joaquín Balaguer.

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