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Estuve en la Cárcel La Victoria

 AYUDAME A SALVAR UNA VIDA 

 

REFLEXIONES…

 

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

Fue en la cárcel la Victoria de mi país, República Dominicana, donde viví experiencias inolvidables en el ejercicio de mi Ministerio cómo Diácono de la Iglesia en el 1985.

Al llegar a aquel desagradable lugar me encontraba con filas de kilómetros de personas que visitan a sus familiares presos, sobre todo, mujeres que tenían a sus parejas en ese infernal lugar.

Algunas de ellas eran desconsideras y humilladas al ser registradas de manera intimidante y muchas recibían propuestas indecentes de oficiales a cambio de favores para sus presos.

Llegaba allí cada semana y me tocaba celebrar y predicar la palabra a un grupo de oficiales y subalternos de la Policía Nacional, en un salón a la entrada, era esta una celebración fría, en la que los miembros de la policía asistían por obligatoriedad, sin embargo, siempre trataba con mis prédicas de tocar los corazones de aquellas autoridades que, en el cumplimiento de su deber, se dejaban envolver por las tentaciones de las corrupciones que en esos lugares generalmente prevalecen.

Nunca olvidaré las palabras de un oficial: “Reverendo pienso que usted debe ser menos duro en sus prédicas y tener cuidado, pues molestan a muchos”, a lo que respondí, “hermano a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, pues de ese tema se trató la prédica del día.

Luego me trasladaban al interior de la cárcel, me daba grima, sentía temor, verme cruzar el patio rodeado de maleantes, asesinos, ladrones, violadores, pero todos hijos amados de Dios, para llegar a un gran salón a predicar la Palabra y dejar en los corazones de todos, la presencia del Espíritu Santo, con un poco de paz, de amor, y tratando de estremecer sus conciencias en busca de una conversión.

Teníamos un coro formado con los presos, había lectores, y en medio de ese ambiente cálido, tan diferente a la frialdad del de la entrada, aquellos presos, escuchaban en silencio mis prédicas, las cuales trataban de tocar y estremecer sus corazones buscando una conversión sincera, un arrepentimiento de sus pecados y un voto de confianza a la misericordia de Dios.

No sé cuales frutos habrán dado aquellas siembras en esos terrenos pedregosos, pero al menos pude contactar a algunos que al salir de la cárcel se quedaron activos en la Iglesia participando del coro, y de las diversas actividades parroquiales.

Víctor Martínez recuerda hoy, desde la distancia, aquellas experiencias que en el ejercicio de mi ministerio he tenido que vivir, cumpliendo con las misiones que Dios ha puesto en mi camino en cada etapa de mi vida.

Predicar en las cárceles y escuchar a los presos, dejó en mí, un sentimiento de misericordia y una actitud de comprensión hacia todos los seres humanos, sin distinción, que me reafirmaba aquella frase que en un concurso cómo estudiante de psicología yo aporté: “No debemos ver el hecho, sino, qué lo ha motivado”, tratando de hacerle ver a mis colegas que antes que juzgar las acciones de alguien, debemos descubrir las razones que generaron su comportamiento, no para exonerar responsabilidad, sino para entender el por qué Jesús vino a buscar a los pecadores, para hacerse amigo de ellos.

Otro testimonio más de mi vida que comparto con ustedes, para demostrarles que DIOS ESTA EN TODAS PARTES.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes como cortesía de mi exalumno muy agradecido.

Hasta la próxima.

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