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Domingo de Ramos en Turquía

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Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

Era Domingo de Ramos, 24 de marzo de 2024, decidí caminar en busca de la única Iglesia Católica accesible que he logrado encontrar en este país Islámico, llevaba sobre mis hombros el peso de los 39 años de diácono que cumplía ese día.

Mientras me dirigía a la Capilla Santa María del Vaticano, meditaba en silencio con una profunda tristeza acerca de mis desaciertos, debilidades, pecados e imperfecciones que me convertían en este indigno siervo del Señor, quien, a pesar de sus caídas y flaquezas, ha insistido en buscar siempre el rostro del Padre, sin dejarme vencer de las tentaciones del mal, pues levantarme con más fe y fervor ha sido siempre una de mis fortalezas espirituales.

Meditaba acerca de la entrada de Jesús en Jerusalén, un día como hoy, extrañaba los ramos de las hermosas palmas que por doquiera se veían en las calles de República Dominicana, en manos de todos los cristianos que salían de sus diversas Iglesias listos para celebrar la Semana Santa.

Al llegar, me dirigí a la sacristía de la Iglesia para poner una acción de gracias al Señor por mi aniversario diaconal y fue entonces cuando el obispo ahí presente se dirigió a mí para preguntarme de dónde era y que hacía por estos mundos, de inmediato con una acogida propia de un hermano en Cristo me invitaba a integrarme a la Parroquia y revestirme para concelebrar, gesto que de inmediato el Padre Párroco abrazó con su espíritu siempre afable y hospitalario.

Después de algunos años sin subir al altar, me veía haciendo entrada de nuevo, a la Jerusalén amada de Jesús, a diferencia de Él, sin palmas, ni burro, ni santidad, pero siempre dejándome llevar por los caminos del Señor, quien siempre me ilumina y conduce con tanto amor.
“Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad”, frase que acostumbro a repetir cada vez que el Padre me las pone difícil y debo doblegar mi orgullo y mi voluntad para que Él se glorifique en mí.

Este gesto de amor, de mis hermanos de Iglesia, aquí en Turquía, hizo que Víctor Martínez se sintiera muy feliz al poder celebrar su aniversario rodeado de hermanos que me confirmaban una vez más, que DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES.

Gracias Padre de amor. Bendito y alabado seas Mi Señor en todos los confines de la tierra, en el universo, y en los corazones de todos los seres humanos que, aunque muchos no te quieran reconocer, sienten Tu Presencia en su interior.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al apoyo recibido por nuestro hermano Joaquín Méndez.

Hasta la próxima.

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