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Si quieres trabajo, llámame

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REFLEXIONES…

 

 

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” Mateo 4,3. Es esta una expresión que procede de la Biblia y su intención primera era significar que el hombre necesita para vivir, además de alimentarse y de poseer bienes materiales, cubrir sus aspiraciones espirituales.

Pero escúchenlo bien, cultivar su espiritualidad y tener a Dios en primer lugar, pero alimentándose y ¿por qué no?, teniendo sus necesidades materiales, satisfechas. Incluso refiriéndose a los religiosos, para los que nos dedicamos a las cosas de Dios, la 1 de Corintios 9 dice: “quien trabaja en el altar que viva del altar”. No como cree mucha gente que los religiosos deben vivir en la miseria.

Traigo esta reflexión hoy, porque he recordado mis tiempos de ministerio, siempre me he considerado un indigno servidor de Dios, pero buen administrador de sus bienes. Cuando el Padre me dio la oportunidad de tener un colegio, sentía que no era mío, sino del Señor, quien había puesto en mis manos esa gran obra para glorificarlo, los ricos, los menos ricos, los pobres, todos tenían la gran oportunidad de estudiar, pues los montos asignados en becas y descuentos eran impresionantes. Mi colegio incluso sostenía la escuela de tarde para niños pobres y de noche para los adultos de los barrios marginados.

Es más, todos mis estudiantes si no eran favorecidos económicamente eran favorecidos en calificaciones, pues yo era renuente a que un estudiante perdiera su año escolar o no se graduara de bachiller, para mi regalar las puntuaciones necesarias para no frustrar ni estancar a un niño o adolescente era más importante que aplastar su autoestima y hacerlos sentir inútiles. Y si alguno no se favoreció económicamente o en puntuaciones, de seguro se llevó muchas riquezas espirituales y lindos aprendizajes de vida.

Ya en mi diaconado todos querían que yo los casara porque predicaba bonito, y vivía de Iglesia en Iglesia, teniéndome que vestir de gala para ir a cumplir con mi compromiso, más el tiempo, transporte y todo lo que conllevaba esperar que las novias siempre retrasadas, llegaran. Aquellas eran ceremonias a todo dar, pero nadie se acordaba de pasarle un sobre al diácono con un estipendio por sus servicios. En verdad eso no me importaba.

Cada vez que alguien moría ahí estaba yo en la funeraria asistiendo los funerales y predicando para dar el mayor consuelo a los familiares, esta era una labor que no solo se gastaba tiempo, sino que te abatía emocional y psicológicamente, pero lo hacía con tanto amor, sin importar no tener el transporte para regresar.

Y así sucesivamente llevar la comunión a las casas de los enfermos, los bautizos, las bendiciones de hogares y negocios, las celebraciones en el altar con aquellas prédicas que estremecían, aquello era hermoso, y como sentía que glorificaba al Padre y sembraba la Palabra en tantos corazones a veces sin fe, lo hacía con mucho amor.

Me he dedicado a enviar mis Mensajes de Amor inspirados por el Espíritu Santo desde hace diez años, cada día, cada mañana, de manera perseverante, sin fallar, hoy a más de diez mil personas por el mundo entero, no se imaginan la felicidad que siento por el deber cumplido ante el Padre. Recibo muchas bendiciones, muchos saludos, muchos mensajes por WS, mucha retroalimentación de personas que se sienten agradecidas y dicen encantarles mis mensajes, pero que trabajo me da lograr el apoyo para poder continuar trabajando en esta empresa de Dios, a propósito si quieres trabajar en ella, llámame.

He estado creando una Comunidad de Miembros Colaboradores de la Fundación Vidas en Desarrollo, no para que me hagan donaciones, sino para que reciban todos mis servicios a cambio de un mínimo aporte a discreción, he acudido a muchas personas, Dios las va poniendo en mi mente y corazón y aun así muchos se quedan en silencio.

A veces me pregunto ¿dónde están los exalumnos agradecidos, las parejas a quienes he casado, los adultos que fueron bautizados, las familias a quienes he acompañado en su dolor, los amigos?

Hoy entiendo Señor la parábola del sembrador, pero no importa, aún continúo regando la semilla, sembrando, asistiendo a todo el que me necesite, repartiendo amor por doquier y orando por todo el que viene a mi mente, TÚ me has demostrado que dando es como recibimos, pues Tú te encargas de proveernos siempre, gracias. Amén

Dios bendiga a todo ser humano que en algún momento se cruzó en mi camino, lo llene de paz, de amor, de mucha salud y de prosperidad.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al apoyo recibido por la hermana Ana Cecilia Mejía.

Hasta la próxima.

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