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Conozca la Palabra de Dios: Jeremías

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Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

El libro de Jeremías contiene las profecías, advertencias y enseñanzas que formaron parte del ministerio del profeta Jeremías en el Reino del Sur, o Judá. Debido a que muchos de los líderes y habitantes de Jerusalén rechazaron a Jeremías y a otros profetas, y continuaron pecando, Jerusalén fue destruida y muchos judíos fueron llevados cautivos a Babilonia.

Este libro ilustra que el convenio entre Dios e Israel no hace invencibles a los del pueblo de Dios. Si no cumplen su parte del convenio y no prestan atención a la palabra del Señor, ellos se apartan a sí mismos del cuidado y de la protección de Dios.

A medida que estudiamos este libro, comprendemos mejor el convenio entre Dios y Su pueblo. Al estudiar la obra de Jehová Señor, de restaurar a los de Su pueblo y ayudarlos a vencer las consecuencias de sus pecados, podemos aprender acerca del poder del Señor para salvarnos y bendecirnos. Del ejemplo de Jeremías, también podemos aprender que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros responsabilidades para cumplir en esta vida y que, si nos volvemos a Él, el Señor nos ayudará a cumplir con esas responsabilidades, no importa cuán difíciles sean.

Jeremías es responsable de la mayor parte del contenido de este libro, pero probablemente se valió de escribas para registrar sus palabras a medida que las dictaba (véase Jeremías 36:4). Jeremías nació en el seno de una familia de sacerdotes y predicó en el Reino del Sur, o Judá, durante aproximadamente cuarenta años, procurando “detener… la corriente de idolatría e inmoralidad” (véase Guía para el Estudio de las Escrituras, “Jeremías”). Finalmente fue encarcelado en Jerusalén (véase Jeremías 37:15; 1 Nefi 7:14), y “[después] de la caída de Jerusalén [en torno al año 586 a. de J.C.], los judíos que se escaparon a Egipto llevaron consigo a Jeremías (Jer. 43:5–6) en donde, según la tradición, lo mataron a pedradas”.

Jeremías comenzó su ministerio en 626 a. de J.C., en el año decimotercero del reinado del rey Josías (véase Jeremías 1:1–2), y continuó predicando hasta después de la destrucción de Jerusalén, aproximadamente en el año 586 a. de J.C. Su predicación coincidió en el tiempo con el ministerio de otros profetas, entre ellos Lehi (véase 1 Nefi 1:4, 18–20), Sofonías (véase Sofonías 1:1) y Urías (véase Jeremías 26:20–24). Algunas de las palabras de Jeremías se registraron antes de la destrucción de Jerusalén (véase Jeremías 36:32).

La mayoría de los libros proféticos del Antiguo Testamento se centran principalmente en la palabra de Dios como fue revelada por los profetas, pero no en la vida de los profetas en sí. El libro de Jeremías es una excepción. Además de las profecías de Jeremías, el libro contiene información biográfica sobre Jeremías y brinda conocimiento sobre la angustia emocional y mental que experimentó en ocasiones al ministrar en medio de tanta oposición (véase Jeremías 8:18–9:2; 15:15–18; 20:7–9; 26; 32; 37–38).
El libro también aborda la doctrina de la preordenación, que enseña que el Señor llama a personas a cumplir determinadas responsabilidades y asignaciones en la vida terrenal. Dios le dijo a Jeremías: “Antes que te formase en el vientre, te conocí; y… te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5). El saber que Dios había determinado que él fuera profeta en una época difícil pudo dar a Jeremías la fuerza y la fe que necesitaba para predicar la palabra de Dios a pesar de la persecución.

Un tema que prevalece a lo largo de todo el libro de Jeremías es que, así como Dios había cuidado de los de Su pueblo cuando fueron destruidos, Él también los juntaría, restauraría y fortalecería (véase Jeremías 31:28). En una revelación registrada en el libro de Jeremías, Dios dijo que Él haría “un nuevo convenio” con Su pueblo, en referencia al nuevo y sempiterno convenio del Evangelio que Jesucristo estableció durante Su ministerio y que se restauró en los últimos días (Jeremías 31:31–33; véase también D. y C. 22:1; 66:2). Jeremías también profetizó que en los últimos días, Dios enviaría pescadores y cazadores para reunir consigo a Israel, un acontecimiento que sería más impactante para aquellos que lo presenciaran que la liberación de los hijos de Israel de Egipto (véase Jeremías 16:14–16).

Jeremías “insiste mucho en la intimidad de la relación de Dios con los pensamientos de Sus siervos. Los actos de servicio externos son inútiles si no existen un corazón y una vida dedicados. Las reformas superficiales no tenían sentido; era necesaria una regeneración total en la vida de la nación”.

Este curso bíblico está llegando a todos ustedes gracias al apoyo que nos esta brindando la hermana Yolanda Logroño.

Hasta la próxima.

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