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Nunca pidas a Dios lo que no eres capaz de dar

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REFLEXIONES…

 

 

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

La Palabra de Dios nos da una gran lección sobre el perdón y nos lleva a reflexionar sobre nuestra misma situación de necesidad de perdón de Dios ante nuestras ofensas.

Sirácida 27 nos muestra que no se puede pedir a Dios lo que no se ofrece al prójimo. Es esta una sabia reflexión opuesta a la ley del talión. No se puede pedir a Dios lo que no se ofrece al prójimo.

Vivimos pidiendo perdón, pero no perdonamos, pedimos prosperidad y que mejore nuestra situación económica, pero somos tacaños y nunca podemos desprendernos de nada para ayudar al prójimo. Es esta una actitud que desdice de nosotros como cristianos, pedimos amor, pero no damos amor.

El salmo 102, nos lleva a cantar la bondad y misericordia de Dios, un Padre que nos perdona, pero que nos invita a hacer lo mismo con los demás, nos recuerda que el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia, tal como nos dice el salmo, Él bendice todo nuestro ser, nos da los beneficios que le pedimos, nos perdona, cura nuestras enfermedades, nos da gracia, ternura, es más, no nos trata como se merecen nuestros pecados, pero Él quiere ver compasión por parte de nosotros, quiere que seamos abundantes en el perdón y las obras.

En el capítulo 14 de la carta a los romanos aborda Pablo un problema específico de la comunidad de Roma: el de las divisiones y tensiones internas. Es un campo concreto donde tiene lugar la aplicación práctica de la nueva doctrina evangélica del perdón.

De igual forma que el domingo pasado leíamos la propuesta en torno a la corrección fraterna, el evangelio de hoy contiene una magnífica enseñanza sobre el verdadero sentido del perdón. (Mateo 18).

Nos narra Mateo aquel pasaje en el que Pedro pregunta a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿Cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Y Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.”

Víctor Martínez piensa que ya es hora de reconocer que tienes la obligación de perdonar, de dar, de amar, recuérdalo, “dando es como recibimos y perdonando es como Dios nos perdona”.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al apoyo recibido por la Fundación Farach.

Hasta la próxima.

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