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Cómo ser un buen sacerdote

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Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba arkadaslar, ¿nasilsiniz?

Crecí entre sacerdotes, era parte de la comunidad de Carmelitas Descalzos del Colegio y la Parroquia San Judas Tadeo de Santo Domingo, quienes sembraron en mí mis primeras semillas del cristianismo, mis mejores amigos han sido sacerdotes, es más, siempre quise ser sacerdote.

He pertenecido a cuantas comunidades, grupos de oraciones, he sido cursillista, del movimiento carismático, he trabajado en innumerables retiros, incluso los de evangelización desde sus inicios, me pase la vida subiendo a los altares, de las diferentes parroquias, como monaguillo desde temprana edad, luego como ministro de la Palabra, para terminar, siendo diácono de mi Iglesia.

Bautizos, bodas, prédicas, visitas a los enfermos y encarcelados, han sido miles, he tenido el privilegio de pertenecer al grupo de los únicos que recibimos los siete sacramentos, pues al ordenarnos de diáconos, recibimos la orden sacerdotal, ya con el matrimonio, además de los sacramentos del bautismo, la confirmación, reconciliación, eucaristía y unción de los enfermos.

Víctor Martinez sí conoce la vida del sacerdote, por eso puedo testimoniar que lo más difícil para mí dentro de mi Iglesia han sido dos cosas, tener que lidiar con las debilidades humanas de mis hermanos sacerdotes, pasando en ocasiones vergüenza ajena, y tener que reconocerme pecador, indigno siervo de Dios, con mis miserias y debilidades, pero al igual que ellos, teniendo que perseverar en el servicio, en la fe, en la entrega, en la oración, levantándome una y otra vez para continuar adelante y no desfallecer, y recordando aquella frase bíblica de san Pablo que nos dice en 2 Corintios 12:

“De buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por causa de Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

Son estas las razones por las que pienso que un buen sacerdote solo lo será si tiene verdadera vocación, si en verdad ha sido elegido por Dios, escogido por el Padre y vivió el proceso profundo de comunicación, conversión y obediencia, atendiendo al llamado de Dios. Esto lo sabremos si muestran fe y perseverancia, venciendo todos los obstáculos, y las tentaciones demoníacas que los someten a esa gran lucha, en el ejercicio de su sacerdocio.

Me apena ver personas con tan poca fe y preparación, con una relación tan escasa con Dios que se han alejado de la Iglesia por culpa de los sacerdotes.

Pedro y Juan, dos apóstoles muy especiales en la vida de Jesús, Pedro, por ser el que le falló, representando al hombre débil, al pecador y Juan por ser un hombre leal, fiel hasta el último minuto al lado de Jesús, santo, tan santo que Dios le confió su madre, sin embargo, Jesús decide fundar su Iglesia y dejarla en manos de Pedro, primer Papa, para que la humanidad entendiera que su Iglesia está en manos de hombres pecadores y que la sostiene y la santifica, la acción del Espíritu Santo.

Sacerdotes, diáconos, ministros, hermanas religiosas, laicos comprometidos, pastores, todos somos hijos de Dios, muy pecadores e indignos, pero elegidos para servirle al Padre a pesar de nuestras limitaciones.

Si el Padre eligiera solo a los hombres santos para dirigir su Iglesia, dejaría de existir, pues los santos están en el reino de los cielos, todos los hombres aquí en la tierra somos pecadores, lógico, unos más malos que otros, pero ahí vamos. De juzgarnos se encargará Dios en su momento.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al apoyo recibido por nuestro exalumno muy agradecido.

Hasta la próxima.

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