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Confieso que es duro, no es fácil

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Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

Mucho antes de la pandemia se me ocurrió anunciar consultas online por las redes, esto por ver el estrés al que se sometía la gente en los tapones del tránsito, llegando tarde y perdiendo parte de su consulta, además de una forma de abaratar los costos al cliente, pensaba que desde la privacidad y comodidad del hogar se podría tener una amena conversación por video llamada o cualquiera otra de las tantas aplicaciones existentes en las que podía contactar con tu paciente.

Recuerdo haber recibido dos fuertes críticas, una doña que me dijo que ese era el colmo de lo impersonal y lo comercial y de la falta de profesionalidad, bla, bla, bla, y un sacerdote supuestamente amigo que le hizo una fuerte crítica a mis pretensiones.

Llegó la pandemia y al parecer, Víctor Martínez pasó de un mal profesional, impersonal, a un profesional que salvaba la vida de innumerables cantidades de personas que encerrados en sus casas sufrían fuertes ataques de ansiedad, estrés y todo lo que ustedes conocen que nos trajo la pandemia, dirigía mis terapias, mis métodos de relajamiento con gran éxito, para las tantas personas angustiadas sobre todo los adultos mayores, a quienes perdían a sus seres queridos y algunos matrimonios que cayeron en un cansancio que no se soportaban.

He traído esto a la reflexión de hoy por una doña muy querida y distinguida que me escribió:

“Don Víctor, según escuché su mensaje de su vida en Turquía; usted no regresará a República Dominicana. Había conversado con mi hijo para que cuando usted regresara consultar personalmente con usted, entendía iba a ser mejor su ayuda.

Realmente no lo he tratado personalmente, usted me ha sido de gran ayuda, pero consultar personal es mucho mejor para expresarme y que me escuchen mejor.

La verdad que usted es una persona de mucha admiración y respeto que con sus mensajes donde quiera que esté transmite paz y armonía. Que Dios siempre lo ilumine con esa sabiduría.”

A lo que respondo hoy: “Reconozco hermana querida su planteamiento, cuánto me gustaría verme en mi adorado país estrechando las manos de mi gente, compartiendo un fuerte abrazo, brindando una sonrisa y una mirada profunda de las que sé llegan al alma y corazón para sanar heridas, pero la verdad es que me he dejado conducir por el Señor, y pienso que por el momento estoy en el lugar indicado, cumpliendo con la misión indicada que Dios ha puesto sobre mis hombros.

Le confieso que es duro, no me es fácil y deseos me sobran, pero todos los días repito: “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad”.

Estar donde estoy me ha hecho tener un encuentro profundo, personal y muy especial con el Padre, tal vez inexplicable, ha fortalecido mi fe, se ha cultivado mi espiritualidad y he tenido que aprender a ser tan humilde que usted no se imagina.

Todo obra para bien y siempre hay un bien escondido detrás de todo lo que nos sucede aunque en el momento no lo veamos, solo Dios sabe lo que sigue, yo me dejo conducir entre momentos de alegría, de grandes tristezas, de muchas dificultades, pero con muchas expectativas y preservando siempre la felicidad que solo Dios me puede dar.

No se imagina cuánto me gustaría ir a pasar unos días entre ustedes y si aquí está mi destino regresar a cumplir con lo prometido al Señor, pero hasta eso se dificulta dado los altos costos de traslado.

Cuando mi hermana se debatía entre la vida y la muerte, deseos me sobraron, cuando he perdido algunos grandes amigos, deseos me han sobrado, cuando veo las caritas de mis nietos añorando mi presencia, me voy en llanto, pero así es la vida, no me pertenezco, le pertenezco a Dios, y aunque las razones de mi estadía aparentaban ser las que muchos creímos, Dios tenía sus planes para conmigo.

Por tanto, mi querida gran amiga, continúe sus pláticas conmigo que con mucho amor yo la estaré acogiendo y seguiré orando por usted. Un fuerte abrazo”.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al apoyo recibido por nuestro hermano Enmanuel Moreta.

Hasta la próxima.

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