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Quítate la venda de los ojos

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REFLEXIONES…

 

 

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

Nos hemos pasado la semana reflexionando acerca de los poderes espirituales y curativos del agua, la sal, el incienso, la luz, de la misma manera hemos visto el símbolo bautismal del agua, tal como se nos presenta hoy el aceite y la luz.

El primer libro de Samuel nos narra cómo el profeta Samuel ungió a David como rey de Israel. El evangelio de San Juan nos presenta a Jesús como luz del mundo que ilumina los ojos de un ciego de nacimiento. Y San Pablo nos recuerda que siempre debemos comportarnos como hijos de la luz.

Samuel, a pesar de que todavía vivía y seguiría reinando el primer rey, Saúl, recibe el encargo de elegir ya su sucesor. De los hijos de Jesé, parecían favoritos los mayores, sin embargo, Dios ha puesto su mirada en el joven David.

Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Anda, úngelo, porque es éste”.

Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.

Es entonces cuando el salmo 22 nos recuerda que el verdadero rey, el que gobierna la historia de todos los pueblos, el auténtico pastor, que elige luego como pastores a los que él quiere, es Dios mismo. Por eso nos dice: “El Señor es mi pastor, nada me falta”.

La lectura de San Pablo, en una de las últimas páginas de su carta a los cristianos de Éfeso, nos prepara para escuchar el evangelio con la clave de la luz. Nos hace la descripción de qué es un creyente y qué consecuencias tiene para su vida creer en Cristo Jesús, Luz del mundo.

Nos dice: “En otro tiempo eran tinieblas, ahora son luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denúncienla. Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo descubierto es luz”.

Pero nos falta un testimonio de lo que es la verdadera luz, y es entonces en Juan 9, cuando nos narra como Jesús va guiando a un ciego de nacimiento, para que, a través de lo que acontece en torno a Jesús, reconozca y acepte a Cristo como luz, hijo del hombre, enviado, profeta, Mesías y Señor.

Víctor Martínez te invita hoy a quitarte las vendas de los ojos para que veas la verdadera luz del mundo, no son las cosas del mundo las que nos mostrarán el camino hacia la felicidad, las cosas del mundo no son más que vendas que no nos permiten ver más allá, debes vislumbrar el impresionante mundo de la luz, de la verdad, de la justicia, de la pureza, del amor, ojalá escuchemos hoy la voz del Señor y podamos ver su luz.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes como cortesía de la Fundación Farach.

Hasta la próxima.

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