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Un anciano caído

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REFLEXIONES…

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

Era una tarde fría, en medio de una convulsionada ciudad, cientos de personas cruzaban las calles, yo me encontraba entre la multitud y al llegar a la calzada, un tierno anciano caía a mi lado, al resbalar en el borde, a pocos metros de los vehículos que en ese momento se aventuraban a iniciar su marcha.

Me apresuré a levantarlo con la ayuda de alguien que me acompañaba, pues todos seguían su rumbo con la prisa de llegar a sus lugares y la indiferencia que caracteriza a los transeúntes de las grandes ciudades.

Miré su rostro angelical y bondadoso, su mirada profunda me recordaron a mi padre, me llegaron al alma, sentía como si lo asistiera a él en su lecho de muerte cuando caía en el vacío misterioso de su partida.

Este anciano caído, expresaba, al parecer, palabras de agradecimiento en turco, pues yo solo lograba entender ese idioma universal que he tenido que manejar con destreza, el lenguaje del amor, el que me recuerda la efusión del Espíritu Santo el día de Pentecostés, en que todos hablaban diversas lenguas, pero se entendían.

Trataba de percatarme de que no estuviera fracturado, pues al verlo totalmente boca abajo, pensé, por su avanzada edad, que su caída podía ser mortal.

Al parecer estaba bien, continué mi camino, pero no dejaba de mirar atrás como queriéndolo acompañar hasta llegar a su destino. Sinceramente me afligí, pero tenía que disimular para que la persona que iba a mi lado no descubriera mi fragilidad humana frente a las necesidades de los demás.

Me pasé el resto de la tarde pensando en mi padre, en ese señor y por qué no, en las caídas de Jesús, quien jamás recibió la ayuda para ser levantado.

Pude ser yo, me decía en mi interior, yo que he caído tantas veces espiritualmente y me he tenido que levantar al suplicar al Padre que me rescate del pecado, con su misericordia infinita y me acoja con amor.

Ha sido esta otra de las tantas situaciones que me han invitado a reflexionar profundamente dejando huellas en mi corazón.

Víctor Martínez pide hoy a Dios por las tantas personas que al caer no se levantan y quedan inmersas en las miserias de la vida, libéralas, Padre de amor y pon en su camino alguna mano amiga que las ayude a levantarse y seguir firmes, hacia delante.

Dios bendiga a todos los ancianos.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes como cortesía de la Fundación Vidas en Desarrollo.

Hasta la próxima.

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