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Pedir es un don, no una vergüenza

  AYUDAME A SALVAR UNA VIDA  

 

REFLEXIONES…

 

 

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

Siempre que observo a las personas necesitadas pidiendo en la calle, siento pena y tristeza en mi corazón, pero también mucha admiración.

Pedir es un don, para el cual se necesita mucha, pero mucha humildad, solo el que necesita y vive en carne propia la necesidad de ver morir a un hijo de hambre, de necesitar un medicamento, de verse víctima de un vicio, de tener un dolor de estómago por el hambre, es capaz de extender su mano, sin importar lo que piense el otro y decir: “deme algo”, arriesgándose a que le estrellen la puerta en la cara, a que le suban los vidrios de los lujosos autos, a que le miren con indiferencia y le ignoren, a que le critiquen.

He pensado que esos necesitados, hijos de Dios, no son necios, necios somos nosotros que con tanta indiferencia seguimos caminando y justificando el no poner en sus manos una simple moneda que, sumada a otras, podría resolverle una situación de vida.

A Víctor Martinez siempre le sobró de todo, pero hoy no tengo nada, por haberlo dado todo, menos al Dios que llevo en mi corazón, que, aunque lo comparto no lo suelto, estoy convencido de que Dios me ha ubicado en una posición en la que he tenido que extender mi mano para decir, deme algo, buscando ayuda para salvar vidas, dar medicinas a los necesitados que me piden y hoy hasta para sostener mis Mensajes de Amor inspirados por el Espíritu Santo.

Personalmente he pasado momentos difíciles y también he tenido que decir deme algo, de lo que no me siento avergonzado, pues siempre he sentido la satisfacción del deber cumplido en el ejercicio de la caridad.

Millones de pesos en becas, medicinas, ropas, asistencias médicas y psicológicas, comida, amor, he dado mucho en silencio, a la sociedad, desde temprana edad; alguien me decía que, si hubiese dado menos, hoy no tuviese que clamar por ayuda, pero dentro de los planes de Dios para educar mi humildad y mansedumbre de apóstol fiel, ha estado ubicarme en este contexto social.

En estos días me ha sorprendido cuando me he dirigido a personas buscando apoyo para los mensajes de amor, cuando RD$100.00 mensuales no hacen más rico ni más pobre a nadie, pero así es la vida, con fe, esperanza y la frente en alto seguiré tocando puertas para las cosas de Dios, las dos últimas veces que he pedido medicinas para personas muy necesitadas con las recetas publicadas, me he estremecido frente a la indiferencia de quienes podrían aportar algo, pero siempre tienen la excusa de que canalizan sus ayudas por otras vías.

Este mensaje ha llegado a ustedes gracias a la fuerza del Espíritu Santo, ojalá usted se anime a patrocinar el próximo.

Hasta la próxima.

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