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Las mochilas de Turquía no son como las de mi país

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Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

He notado en Turquía que casi todo el mundo anda con una mochila al hombro, unas más pesadas que otras, me preguntaba la razón y he descubierto que, en esta gran ciudad, donde el transito está tan organizado y tú te mueves en taxis, autobuses y metros, resulta complicado tener vehículos privados por el tiempo y los costos.

Lógicamente ya Víctor Martinez anda con una mochila al hombro, pues no tengo jeepeta donde dejar cosas guardadas, además tú sales y no sabes cuando regresas, debes andar bien equipado.

Pero… ¿Qué tiene mi mochila? Los libros de la clase de turco, un celular, un cargador, un pasaporte, espejuelos de sol y de leer, las gotas de los ojos, las pastillas de la presión y otras más, la merienda, el bolígrafo, mi Rosario y sabrá Dios cuantas cosas más.

Tal vez son de las cosas que extraño de mi país, sin embargo, pensaba que en mi país todos sí andan con su mochila, y muy cargadas, por cierto, pues, aunque el dominicano es un ser especial que siempre está feliz, con un vacilón permanente, un bonche, un can, (entiéndase un ambiente festivo, esto para mis amigos turcos), no hay la menor duda de que en una sociedad del tercer mundo, con grandes limitaciones, pocas oportunidades de trabajo y mucha pobreza económica, los problemas sobran.

Vemos a los dominicanos con la sonrisa en el rostro, conversando, divirtiéndose y no nos imaginamos el peso de problemas que están cargando en sus mochilas, vivimos luchando incansablemente, con innumerables situaciones que cargamos y con las que tenemos que lidiar diariamente para subsistir, batallando para mantenernos, muchos con ansiedades incontrolables, niveles de estrés muy altos, lidiando con enfermedades que apenas pueden costear, enfrentar, y situaciones difíciles para producir el sustento de la familia cada día.

No nos imaginamos el peso que hay en esas invisibles mochilas pesadas, con la que se debe cargar cada día, a veces sin la esperanza de poderla vaciar.

Esto pensaba mientras caminaba a paso lento, pero firme, con mi mochila en la espalda y mis pensamientos en mi adorado país, la República Dominicana, la Patria de Juan Pablo Duarte. Pedía al Todopoderoso bendecir a mi tierra y no permitir que, a pesar de las limitaciones, mis compatriotas pierdan la esperanza de vivir y la alegría que los caracteriza, por sentirse un pueblo elegido por Dios.

Gracias a la cortesía de Punto Creativo, en la persona de Marie Cris Farías, que ha hecho posible que este mensaje llegue a todos ustedes.

Hasta la próxima.

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