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Lo de Claude Joseph fue un triunfo, pero no una victoria

Por Tomás Aquino G.

Mientras el ex ministro Claude Joseph sigue vertiendo su odio y veneno contra República Dominicana, alegando un “antihaitianismo” que únicamente existe en su mente, Haití está convertido en una bomba de tiempo a punto de explotar.

Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse, del cual Claude Joseph ha sido señalado como uno de los principales sospechosos, esa nación, una de las más pobres del mundo, atraviesa por una difícil y peligrosa situación, donde la delincuencia criminal parecen tener control del poder.

Los líderes políticos haitianos que han estado en el poder, son tildados como “parásitos” por sus conciudadanos, dentro y fuera del país, comenzando con el propio Joseph, que muchos de sus compatriotas lo consideran como un oportunista, una persona sin escrúpulo, que busca pescar en río revuelto para tratar de apoderarse, nuevamente del poder,

Joseph ha sido históricamente un enemigo gratuito del pueblo dominicano, él sí puede ser considerado un antiahitiano, un racista, pues sus actuaciones lo ubican dentro de los sectores oscuros que están detrás de las bandas criminales, que han asesinados y secuestrados a cientos de haitianos indefensos, incluyendo mujeres y niños.

Este sujeto, que lleva el racismo en su cerebro, si es que tiene, es un individuo perverso, que en un proceso electoral, libre y democrático, sería repudiado por sus propios compatriotas.

Joseph, en vez de vomitar veneno y su odio contra República Dominicana, debiera autoencerrarse en un penal haitiano y admitir su complicidad por las acciones criminales que están afectando todas las zonas de su país, y que sus propios compatriotas, dentro y fuera de esa nacional, no descartan que él sea la cabeza de los mismos, tratando de pescar en río revuelto, para a través de las bandas criminales, apoderarse del poder en Haití.

La decisión del Gobierno dominicano de prohibir la entrada de este individuo a la tierra de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y Duvergé, es correcta, y debe ser apoyada por todos los sectores, nacional y haitianos, ya que con sus actuaciones perversas, Joseph perjudica a miles de sus compatriotas que residen ilegal en República Dominicana.

Ahora bien, el presidente Luis Abinader debe tomar en serio la situación haitiana, porque no se justifica que con el incremento del patrullaje en la frontera dominico-haitiana, que en algunas oportunidades se ha dicho está sellada, al país ingresen, actualmente, tantos haitianos ilegales.

La política migratoria, en materia haitiana, ha sido un fiasco, porque, por un lado “apresan y deportan” a ciudadanos ilegales, y por el otro, regresan de inmediato a territorio dominicano.

Y si esto no es un fracaso, entonces, pónganle nombre y apellido.

El país, las provincias, municipios, barrios y calles de República Dominicana están llenas de haitianos ilegales, dominan la mano de obras en la construcción, en grandes fincas, en los negocios móviles callejeros y hasta algunas rutas del transporte urbano de pasajeros están llenas de haitianos.

Pero, además, y esto sí es peligroso para el futuro ambiental o climático del país, son utilizados para el desmonte ilegal de bosques en zonas protegidas.

Así, presidente Abinader, su decisión de prohibir la entrada de un grupo de bandidos haitianos, enemigos de República Dominicana, es correcta, pero no es un triunfo, porque hace falta, al menor, evitar que continúe el tráfico ilegal de inmigrantes haitianos, de armas, de drogas y de otros productos por la frontera.

Además, debe impedir el “negocio” de las deportaciones que los “expulsan” por un lado, y le permiten la entrada, por otro lado. Y esto no es un secreto de Estado.

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