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REFLEXIONES: Ungido, sin correa y rosarios en manos

   AYUDAME A SALVAR UNA VIDA   

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Para entenderme hoy, debes leer lo que escribí ayer.

Salí de la mezquita, ungido por un musulmán turco, sin correa que me atara, y dos rosarios en la mano, el mío que siempre llevo, el de María Santísima, y el que me acababan de regalar, el de Alá, no sé.

Acepté la invitación de ir a la oración azalá de los musulmanes que se celebra cada viernes, poco después del mediodía; para que ustedes tengan una idea llegamos a un lugar parecido a la Zona Colonial de mi país, a la gran plaza del Alcázar de Colón, allí habían más de 1000 hombres arrodillados en sus alfombras en oración profunda, un silencio absoluto y solo se escuchaban las oraciones que por los altoparlantes se dirigían.

Al llegar me llevaron a un sótano donde me tuve que enjuagar tres veces la boca, lavarme la cara, cabeza, nuca, manos hasta los codos y por ultimo los pies, esto como parte de su ritual para purificar el cuerpo y alma antes de orar, el wudu, que es como se llama es obligatorio para el rezo o tawaf de la kaaba.

Me dejé conducir y en medio de aquel fuerte sol de esa mañana, a las 12 del mediodía me uní a la oración, como no entendía ni un carajo de lo que decían por los altoparlantes yo aproveché para conversar durante toda esa hora con Jesús y orar a María para que intercediera por el perdón de mis pecados, mi purificación y crecimiento espiritual.

“Ven acá Señor, que yo hago aquí, un 29 de abril de 2022, ¿por qué todo esto, cual es el mensaje?, háblame, Señor que tu siervo escucha”.

Sin correa, ungido, purificado, rosarios en manos, rodeado de cientos de musulmanes, oraciones que, aunque no las entienda te estremecen el espíritu, los cánticos te llegan al alma, te arrodillas, te postras, te paras, alabas y el universo se encarga del resto, la presencia divina se impone y las horas se te van sin darte cuenta.

De regreso a las 5 de la tarde en ayunas y haciéndose innumerables preguntas Víctor Martínez agradeció a ese gran hombre musulmán, que trabaja con mi hija y que tan gentilmente se ocupó durante todo el día de conducirme por los caminos de su Dios, que al final viene siendo el mismo Dios mío.

Recuerdo que él me repetía en el camino “Alá bir, alá bir, alá bir”, que significa: Dios primero, Dios primero, Dios primero.

Hasta la próxima.

Vea reflexiones lunes 9 https://relampagoinformativo.com/2022/05/09/reflexiones-mi-visita-a-la-mezquita/

 

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