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REFLEXIONES: Por qué nos suceden las cosas

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Hola, amigos, ¿qué tal? Por qué suceden las cosas, ¿qué determina que uno nazca con determinadas cualidades y que le falten otras, que nazca en una familia o en otra? Seguramente te has preguntado: ¿Por qué los talentos están repartidos en formas tan distintas?, ¿Por qué justo ahora?, ¿Por qué a mí?

Leyendo algunos apuntes de Nueva Acrópolis me encontré con este tema que me invitó a reflexionar y deseo compartir con ustedes.

“Tal vez hemos llegado a pensar que las circunstancias en las que nos encontramos son fruto de la casualidad, del destino o de una voluntad ajena a nosotros, que escapa de nuestro control. Creemos que la vida ha sido injusta con nosotros o que, por el contrario, todo es cuestión de suerte.

Son muchas las personas a quienes, si les sucede algo, bueno o malo, no lo relacionan con sus propias decisiones, pensamientos o sentimientos.

La casualidad no existe, todo lo que sucede está regido por una Ley inmutable, una Ley de Acción y Reacción o de Causa y Efecto, ley de justicia universal, por la cual cada acto en pensamiento, sentimiento u obra tiene un efecto para su ejecutor, con la misma intensidad e intención con la que fue creada. Las reacciones son los efectos lógicos unidos inevitablemente a nuestros actos.

Cuando, por ejemplo, se siembran semillas de tomates, se esperan, al cabo de unos meses, frutos de tomates; cuando se siembran semillas de maíz, se espera recoger mazorcas de maíz. “Lo que se siembra, se cosecha”.

Esto que vemos y aceptamos como ley en el mundo físico, se manifiesta también en dimensiones más sutiles, como la mental, psicológica y espiritual. La vida tiene definitivamente leyes invisibles y certeras.

En la Física se sabe que a toda fuerza se le opone una reacción de igual fuerza y sentido contrario. En la dimensión emocional, cuando odiamos o amamos a alguien, nuestra capacidad de sentimiento se amplía o se contrae; sembramos las circunstancias para ser amados u odiados.

Si nuestros actos no han sido armónicos (buenos, justos, equilibrados), aprendemos a través del dolor, que hay algo por corregir. Nuestras acciones y sus efectos van construyendo un rumbo de vida que nosotros mismos decidimos”.

Víctor Martínez no ve a Dios como un Padre castigador, por lo tanto, pienso que Él no nos castiga, nos brinda la posibilidad de aprender en qué nos equivocamos y qué acciones nuevas serían las armónicas, interpretando correctamente lo que nos acontece, apoyándonos y amándonos aún más en medio de nuestras debilidades.

Quien pierde un trabajo, y se hunde en lamentos y en una actitud pesimista, en lugar de salir a buscarlo todas las horas útiles del día, define la dirección de su destino. El bien no es más, que la suma de actos de bien, y nuestro mal no es otra cosa que la oscuridad momentánea de quien no halla su propio rumbo. “Todo hombre recoge las consecuencias de sus propias acciones”.

Jesucristo nos decía: “No peques más, no vaya a sucederte cosa peor”. A través de San Pablo nos mandaba a trabajar en nuestra propia salvación.

“Lo que un hombre siembre, aquello recogerá”, nos decía.

¿Por qué nos suceden las cosas? Busquemos las causas en nuestro interior y acerquémonos a la sabiduría divina.

Hasta la próxima.

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