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Pedir disculpas no soluciona el problema

¿Qué hará el presidente Abinader después de este horrendo asesinato?

Por Claudia Fernández

La información que en estos momentos conmueve al país en pleno, es la masacre ocurrida la noche del martes, en la carretera de Villa Altagracia. Una pareja de esposos, recién casados por demás, evangélicos, queridos por su entorno social, sin importar la religión pone en tela de juicio, la actuación que lleva a cabo la Policía Nacional en cuanto a la preservación y cuidado de las vidas y bienes de quienes habitan en este pedazo de tierra.

Pero lo que más llama la atención es que el propio jefe del Estado, el presidente de la República, Luis Abinader, haya tenido que asumir las culpas de este ¿desatino, orden superior, confusión? Difícil de creer. Lo cierto es que cuando un mandatario debe presentarse en público para pedir perdón por las faltas graves de otros, a quienes ha nombrado por decreto en puestos claves, la situación se torna muy difícil, especialmente en estos tiempos en que todo se sale de control.

Elisabeth Muñoz y Joel Díaz

Pero el tema central es el del asesinato a mansalva, sin intermediar palabras, aparte de las señas de parar el vehículo en un momento dado, orden cumplida por los ocupantes, preocupa al extremo y obliga a replantear la función principal del cuerpo civil armado, en momentos en que el propio Ministro de Interior y Policía, jefe inmediato de esta entidad, trata de iniciar el desarme completo, es decir, armas blancas y de fuego en la población civil, que cada día se ve mas desprotegida frente al flagelo del crimen y la violencia policial.

Hay antecedentes que oscurecen la labor de la institución. El joven de Azua, asesinado sin mediar palabras durante el toque de queda, dejando una viuda y un bebé a punto de nacer que nunca conoció a su progenitor.

Pedir disculpas, disminuirá el impacto en esta familia. El mandatario dominicano deberá sopesar ciertas acciones y obras de sus funcionarios, pero, sobre todo, no asumir las culpas que no le corresponden. Eso demuestra debilidad. Aunque podría argumentarse el sentimiento humano. La verdad es, que las preguntas en el tapete son, ¿por qué pide disculpas el presidente Abinader, ¿por qué la Policía Nacional no asume la responsabilidad total de la situación? ¿qué se esconde detrás de este cruel y horrible asesinato?

Destituir a los actuantes en el caso no es la solución. Es hora, de una vez y por todas, de limpiar las filas de la entidad policial. No poniendo en retiro, con premios de pensiones a quienes han actuado al margen de la ley, amparados en un uniforme. El momento es ahora. La decisión queda en manos…¿de quién?

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