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Interventores vacilaban entre solución política o militar 

Por Claudia Fernández

Ante la orden de Washington de no emprender acciones ofensivas contra los constitucionalistas, el general Palmer se reunió con Bennett y el emisario de Johnson, John Bartlow Martin, y recibió apoyo de éstos para instalar el corredor, aunque éste estaba preparado para ceder ante la necesidad militar, a pesar del cese de fuego que había negociado, ya que se daba cuenta de que la brecha dejaba a los rebeldes el control de la ciudad.

John Bartlow Martin

Martin rechazó, no obstante, la introducción de tropas norteamericanas directamente en el área de los constitucionalistas por temor a que e precipitara un derramamiento de sangre, prefería la ruta alterna que Palmer le había mencionado a Wheeler, refiere el profesor Yates en su informe.

Pero Palmer no abandonaba la idea del corredor y cuando llegó a San Isidro, se comunicó con el presidente Johnson a las 4:00 de la madrugada, el domingo 2 de mayo, desde el “Pájaro Hablador” C-130 de la Fuerza Aérea, localizado en el campo de aterrizaje.

“El hecho de que Washington se inclinaba a considerar la operación propuesta por Palmer se evidenció con las instrucciones que envió a éste, a Masterson, Bennett y Martin. A cada uno se le solicitó que evaluara la situación y recomendara un curso de acción a Washington a tiempo para que se tratara en una reunión el domingo por la mañana entre el presidente y sus asesores”.

Las órdenes dadas a Palmer y a Masterson provenían del general Wheeler, quien expresamente planteó el tema de establecer un perímetro alrededor del área sudeste de Santo Domingo, y quería saber de ambos oficiales cuál sería la ruta más aconsejable, la cantidad de tropas que se usarían y el promedio de bajas que podrían tener.

En torno a este mensaje, Yates refiere que irónicamente, “Palmer, el arquitecto de la idea, nunca recibió el mensaje de Wheeler porque la copia de éste se envió al Fuerte Braga y no se le transmitió al general, por lo tanto, no le envió a su superior la información detallada que éste con tanta ansiedad esperaba, e impacientemente, Palmer esperó la respuesta del jefe de Estado Mayor Conjunto a su propuesta del sábado en la tarde, no comprendiendo por qué Wheeler vacilaba en recomendarle al presidente lo que tan obviamente requería por ser una necesidad militar”.

Masterson sí recibió la solicitud de Wheeler y respondió que se necesitaban entre 12 y 18 batallones para llevar a cabo la misión, es decir, “dos o tres veces la fuerza de seis batallones que Palmer había recomendado. En efecto, los cálculos de Masterson requerían el empleo de la 101ª División Aerotransportada, por lo que no era de extrañar la preocupación de Wheeler al respecto”.

Johnson decide enviar más tropas y justifica acción ante pueblo estadounidense

El mismo domingo 2 de mayo, Bennett, hablando a nombre del personal de la embajada y en el de Martin, quien ya para ese momento había llegado a la conclusión de que la revuelta había sido tomada por elementos castristas-comunistas, recomendó insistentemente al Departamento de Estado aceptar la recomendación de Palmer de cerrar la brecha entre los soldados del Ejército y de la Infantería de Marina.

Masterson también secundó esos sentimientos del embajador y esa tarde, el Departamento de Estado “instruyó a Bennett ponerse en contacto con miembros de la comisión de la OEA que acababa de llegar a San Isidro, para determinar su opinión sobre el establecimiento de una línea de comunicación a través de la ciudad –el uso del término cordón se había prohibido por su connotación negativa—“, expresa el informe.

Agrega el documento que aunque la comisión tenía sus reservas, y a pesar de su preocupación de que el movimiento tuviese efectos adversos en el cese de fuego, los miembros de la comisión aprobaron el plan cuando se dieron cuenta que no existía ningún corredor que proporcionara un cruce seguro entre San Isidro y el centro diplomático de la ciudad.

Indica que los miembros de la OEA apreciaron la deferencia de Estados Unidos al consultarles, “aunque seguramente sospecharon que rea simplemente otro gesto representativo para conseguir la aprobación de la OEA de lo que sería una operación norteamericana. Tales sospechas habrían sido bien fundadas: el Departamento de Estado le había asegurado a Bennett antes de hacer contacto con la comisión, que la línea de comunicación se establecería de todas maneras, sin importar cuál fuera la actitud y opinión de los miembros de la comisión”.

La frágil naturaleza del cese de fuego, la decisión de estar a la par con el pueblo norteamericano sobre la advertida amenaza comunista, la idea de que un corredor sería utilizado para facilitar la evacuación de ciudadanos norteamericanos y el interés por el establecimiento de un perímetro que pudiera aislar el grueso de las fuerzas constitucionalistas, convencieron a los formuladores de políticas de Washington a aceptar el plan de Palmer.

“A las 20:45 (8:45 de la noche) del domingo 2 de mayo, Jonson habló con Bennett y le dio su aprobación para establecer el corredor; más tarde, esa misma noche, el presidente nuevamente fue a la televisión a transmitir un importante comunicado en el que reafirmaba la neutralidad norteamericana en República Dominicana”.

Para justificar la utilización de tropas adicionales, “reveló públicamente, por primera vez, los temores de la administración sobre la toma comunista de la República Dominicana y la necesidad de que Estados Unidos, actuando a través de la OEA, impidiera una catástrofe de ese tipo. Las naciones americanas no deben ni pueden permitir el establecimiento de otro gobierno comunista en el Hemisferio Occidental”, dijo Johnson en su alocución al pueblo norteamericano.

Se inicia el corredor; cae un dominicano

Ya con la anuencia pública del gobierno, se dio inicio a la operación que tendría lugar en la noche con el fin de minimizar las bajas en ambas partes “y entre los inocentes espectadores”.

En una conferencia en la oficina de Bennett, Palmer, el embajador, Tompkins y el coronel Joe Quilty, de la Infantería de Marina, jefe del grupo militar, “habían seleccionado ya la ruta para establecer la línea de comunicaciones. El Departamento de Estado había asumido que la operación seguiría la misma ruta usada para el enlace realizado el día sábado, pero estudiando un mapa de la compañía Esso Standard Oil abierto ante ellos sobre el piso, los asistentes a la reunión en la oficina de Bennett consideraron todas las posibilidades”.

En esta reunión se descartó la utilización de la ruta Sur de avance, porque significaba un choque inevitable con la principal concentración de rebeldes, algo que Washington no aprobaría; la ruta que iba hacia el Norte de la zona de seguridad internacional también representaba el peligro de atravesar puntos de actividad rebelde.

“La ruta que finalmente se escogió fue calculada en base a menor distancia y menor resistencia rebelde, esto significaba evitar el peligroso punto D, girando hacia el Sur por la calle San Juan Bosco, que dirigía al punto C, que ya estaba protegido por los infantes de Marina. En retrospectiva, todos aceptan que el rechazo de la ruta que pasaba más al Norte fue un error porque dejó Radio Santo Domingo en manos de los rebeldes”.

En relación a esta maniobra, expresa el informe que “una vez que el establecimiento de una línea de comunicación hizo improbable la victoria de los constitucionalistas, la propaganda transmitida desde la estación de radio creó uno de los obstáculos más importantes para ponerle fin a la crisis”.

Pasado un minuto de la medianoche del lunes 3 de mayo, la operación empezó. Un pelotón de Infantería de Marina se movió hacia el Este, tres batallones de la Segunda Brigada, que apenas acababa de llegar a San Isidro, dejaron la relativa seguridad de la cabeza de puente de la 82ª división y empezaron a moverse hacia el punto de reunión.

General Bruce Palmer

Las tácticas empleadas fueron, en palabras del general Bruce Palmer, “espectaculares”, y así lo definió: “Usando el método de avance por saltos alternados, un batallón avanzaría, protegería el área y lo retendría. El siguiente batallón en línea atravesaría las dos áreas y avanzaría hasta la posición de la Infantería de Marina, formando así el enlace, solamente encontraron una ligera resistencia, y realizaron el contacto con los infantes de Marina una hora y catorce minutos después”, es decir, a las 1:15 de la madrugada.

Sin embargo, el informe de Palmer no mencionó un incidente que ocurrió cuando la 82ª división llegó al punto de enlace, acompañados por el general York, los elementos avanzados le hicieron señales a los infantes de Marina, en ese momento, un francotirador constitucionalista disparó sobre la posición de la 82ª división, los paracaidistas mataron al francotirador, pero en la oscuridad algunos infantes de Marina que escucharon los disparos, abrieron fuego contra sus compañeros de la división.

Un segundo intento de hacer señales a los infantes de Marina también dio por resultado un breve tiroteo. Disgustado y frustrado, York finalmente se levantó, caminó por el medio de la calle y se identificó a gritos, fue entonces que el enlace se llevó a cabo”.

Con el corredor abierto tropas norteamericanas inician “acciones humanitarias”

Después que varios convoyes atravesaron la “autopista norteamericana”, o “el callejón de batalla”, como se llamó a la línea de comunicación, se consideró el camino seguro y se ensanchó en los siguientes dos días para hacer más defendibles las posiciones y minimizar el fuego directo en el área.

La línea de comunicación, al proporcionar un corredor entre el puente Duarte y la zona de seguridad internacional, facilitó las comunicaciones y el movimiento de personas y abastecimientos, también sirvió como ruta alterna de evacuación y permitió a los paracaidistas iniciar una serie de “acciones humanitarias que incluían reparto de comida, agua y medicinas a los habitantes de la ciudad, sin considerar su ideología, que habían estado por días sin esos artículos de primera necesidad”.

Largas filas de hombres, mujeres y niños acudían a recibir los alimentos que ofrecían los soldados norteamericanos en lo que fue calificado como una humillante fórmula de ayuda de las tropas invasoras que se aprovecharon de la necesidad del pueblo dominicano.

Se estrecha el cerco contra los constitucionalistas

Desde el punto de vista militar, la línea de comunicación dividió a “la fuerza rebelde y atrapó a más del 80 por ciento de las tropas de Caamaño en Ciudad Nueva, pues debido a que los soldados rápidamente establecieron puntos de control a lo largo de esta línea, se redujo el movimiento de rebeldes armados dentro de la parte Norte de Santo Domingo, desde donde podían llevar a cabo operaciones y quizá montar una insurgencia en la campiña”.

Refiere el documento que la línea de comunicación de hecho puso fin a cualquier posibilidad de que los constitucionalistas pudieran tomarse el país por medios militares, “estaban rodeados y la potencia de combate de su adversario era superior. Caamaño tendría que negociar o hacerle frente a una derrota militar”.

Ante sea situación, Palmer y York prefirieron darle alternativa al coronel de abril, su principal razón desde un comienzo para establecer el corredor había sido proporcionarle a la 82ª división una ventajosa posición de asalto para un ataque con todo, sobre los rebeldes.

Tal como Palmer indicó posteriormente, “las fuerzas que abrieron la línea de comunicación pudieron haberse movido hacia el Sur al establecer el enlace con la Cuarta Brigada Expedicionaria de la Infantería de Marina, tal acción habría acabado con la rebelión y restaurado el orden público sin demora”.

Palmer había planificado un ataque que combinaba operaciones terrestres y helitransportadas que caerían sobre Caamaño desde todas partes a la vez, y la batalla, si es que la había, debía terminar en asunto de horas, según escribió el general Robert York, todo lo que se necesitaba era la autorización de Washington para empezar. Esta nunca llegó”.

Después del rompimiento de la coordinación político-militar “que dejó abierta la brecha entre las unidades de la Infantería de Marina y los paracaidistas, Palmer persistentemente había mantenido que la necesidad militar debía tener precedencia sobre las consideraciones políticas debido a la incierta situación militar en la ciudad”.

El general había sido persuasivo y “había ganado”, pero el establecimiento de la línea de comunicación abrió una nueva fase en la intervención, una fase en la que las consideraciones militares “volverían a prevalecer sobre los objetivos políticos en asuntos de la magnitud de la línea de comunicación”.

Johnson busca una solución política

Presidente Johnson

Eliminada “la amenaza de una toma comunista”, la Administración Johnson consideró que cualquier otra acción militar norteamericana que se llevara a efecto sería contraproducente para “los intereses norteamericanos en la República Dominicana y en América Latina, esa apreciación no significaba, sin embargo, que todas las tropas norteamericanas se replegarían”.

Su presencia le proporcionaba a la Administración Johnson el poder necesario para encontrar una solución política a la crisis, “una solución política que el presidente Johnson esperaba que los diplomáticos pudieran encontrar rápidamente antes que la intervención tomara los visos de una ocupación, pero hasta que las negociaciones fueran provechosas, los soldados norteamericanos permanecían en peligro”, refiere Yates en los Documentos de Leavenworth.

Esto así porque se exponían a ser el blanco de los francotiradores, del fuego de las ametralladoras y, dependiendo de su ubicación, del resentimiento popular y la violencia de la chusma. Pero solamente porque la intervención hubiese entrado en una fase política, no se eliminaban los peligros militares.

Lo que la transición presagiaba “era un número mayor de restricciones políticas que podían interferir con la capacidad de las tropas norteamericanas para contraatacar esos peligros. La frustración aumentó en los días y semanas que siguieron a medida que los soldados interventores, completada ya la porción del combate que se registró en República Dominicana, experimentaban los efectos de la subordinación de lo militar a lo político.

“Para los soldados que estaban bajo fuego, fue una amarga lección que ninguna coordinación político-militar pudo haber hecho completamente aceptable”, y mientras las tropas norteamericanas ocupaban la recién establecida línea de comunicación, la ventaja militar en Santo Domingo cambiaba irrevocablemente a su favor.

“Los constitucionalistas no podrían alcanzar sus metas por la fuerza de las armas, cualquier incertidumbre que quedaba se relacionaba con la solución de la crisis, por lo que todos se preguntaban, ¿habría una solución diplomática o militar? La decisión se encontraba en Washington, en donde el presidente Johnson continuaba decidido a negociar un final a la guerra civil”.

General Antonio Imbert Barreras

La disyuntiva que se planteaba era un acuerdo político que abarcara a las facciones dominicanas en pugna, salvaría a la extrema izquierda y presumiblemente sería de mayor duración y ocasionaría un daño menor a la imagen norteamericana en el hemisferio, que un acuerdo impuesto por la acción militar, pero existía, sin embargo, un grave inconveniente a la táctica diplomática, no existían las condiciones para que tuviera éxito, así de simple.

Las razones que estudiaba Washington giraban en torno a que a pesar de estar rodeados por infantes de Marina y paracaidistas norteamericanos, “los constitucionalistas no estaban de humor para capitular, y aunque la presencia militar estadounidense frenaba en gran medida la violencia, las pasiones y el odio generados durante la semana de guerra civil, no se podían apaciguar de una sola vez. En cuanto al cese de fuego acordado el 30 de abril, tanto los constitucionalistas como los leales lo violaban a su antojo”,

Ante esa situación, se tuvieron que mejorar las comunicaciones y la calidad de la inteligencia política y militar, se necesitaba desesperadamente una estructura de mando más simple y eficiente, y la mayoría de estos ajustes se hicieron antes de mediados de mayo, refiere el profesor Yates.

Mientras tanto, las autoridades y los oficiales militares norteamericanos vigilaban los acontecimientos políticos, “que durante ese período de dos semanas incluyeron la formación de dos gobiernos dominicanos rivales, un nuevo acuerdo de cese de fuego, una enconada guerra de propaganda y la llegada de más emisarios presidenciales desde Washington”.

El desenlace de todos estos problemas surgió con la instauración del Gobierno de Reconstrucción Nacional, apoyado por Estados Unidos, cuya presidencia recayó sobre el general Antonio Imbert Barreras, y la elección del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó como presidente de los constitucionalistas.

El Siglo: Jueves, 1º de mayo de 1997

RELAMPAGO INFORMATIVO: Martes, 15 de mayo de 2019.

 

 

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