Home / ACTUALIDAD / CRIMEN EN PEDERNALES: Y LA LEY PENAL, QUÉ?

CRIMEN EN PEDERNALES: Y LA LEY PENAL, QUÉ?

En un desbordamiento preocupante, el pueblo de Pedernales, de nuestra frontera con el vecino Haitiano, ante el desorden migratorio, ha tensado las riendas del poder político criollo y ha puesto en jaque a la autoridad judicial, por su proverbial ineptitud, ante el panorama del crimen y la canallada, de matar y ocultarse en territorio extranjero, como resguardo y refugio del asesinato en contra de una pareja de esposos en Pedernales, Julio Reyes Pérez Matos y Neyda Miladis Urbáez Feliz, a quienes quitaron la vida con acechanza y, además robaron una motocicleta, con la cual emprendieron la huida los criminales haitianos, que mataron para robar.  Es decir, un crimen seguido de otro crimen, como bien lo señala el Artículo 304 del Código Penal y cuya sanción es de 30 años, de reclusión mayor. 

En nuestro dilatado ejercicio penal, de inmediato recordamos un caso horrendo, que cometieron varios haitianos, en marzo (2004), en contra de una oficial del Ejército Nacional y su esposo, en Arroyo Hondo, Distrito Nacional, a quienes mataron a picazo y martillazo y le robaron, hace unos años y quienes también “arrancaron huyendo”  y escapando para el territorio del vecino haitiano, es decir su país, y como no tienen papeles de identificación, no hay muros de regularización.
Despertó la indignación de Pedernales contra la impunidad y el descontrol vigente, de una  frontera abierta, ancha, y destutanada de autoridad.
En el caso del Rita Abreu Marmolejos y su esposo Miguel Yaport Morel, dueña de la farmacia Asunción, que funcionaba frente al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva (Arzobispo Porte Esq. Fabio Fiallo), “la población se sintió crispada” y sumamente indignidad, ya que los haitianos que cometieron el asesinato de esa pareja dominicana, de la capital (prófugos) eran empleados, obreros que le reparaban la casa donde vivían, lo que equivale decir, que eran parte de la confianza, como debió suceder en Pedernales frente a los esposos Julio Perez Y Neyda Urbáez, a quienes mataron con premeditación y asechanza, con cómplice que facilitaron la fuga de los autores, ya que un solo hombre, no podía perpetrar semejante crimen por sí mismo, como tratan de simplificar las autoridades,  “para bajar el tono” de la gran protesta e indignación.
Pues bien, traigo ese antecedente doloroso y de la amiga Rita Abreu y su esposo Miguel Yaport, vecinos antiquísimos del barrio de Ciudad Nueva, porque la autoridad  “tomó carta en el asunto de inmediato”, y fueron perseguido los asesinos, traídos al territorio dominicano, juzgado y sentenciado, con la cooperación efectiva de la autoridad haitiana y el despliegue de la labor de inteligencia criminal, para identificar a los culpables, que fueron a su Nación a ocultarse del execrable crimen que cometieron en contra de una mujer médico, oficial del Ejército Nacional y su esposo, ingeniero, dejando en la orfandad a sus hijos y familiares, que hoy deben llorar con pesar la muerte de sus padres, ante el crimen de Pedernales.
En principio, los haitianos de aquel lado, avezados siempre, han señalado que no tenemos convenio  de extradición en la isla, entre ambos Estados.
Sin embargo, desde la cancillería, siempre se ha ripostado, que Haití, es signataria del convenio de Montevideo – Uruguay desde 1932, donde los Estados partes signatarios (Firmantes) se obligan a entregar a los acusados de crímenes capitales, como me enseñara el Dr. Armando Oscar Pacheco junto al Dr. Helú Bencosme, en sus pláticas vespertinas, de su casa en la Benito Monción de Gazcue y que utilice en ocasión del asesinato de Mily Abreu y su esposo, así como el artículo 365 del tratado de Derecho internacional Privado de la Habana y el tratado de Extradición con Cuba, articulo 3 como el artículo 11 de la Extradición con USA.
PROCEDIMIENTO DE EXTRADICIÓN
La gente en Pedernales, junto a las autoridades locales, sobrepasaron la autoridad judicial y no esperaron su actuación ni tampoco, el fiscal de Pedernales ni el Procurador del Distrito Judicial, asumió su cabeza para enfrentar la situación de ingobernabilidad que generó la impotencia del pueblo, al ver asesinado a los esposos Julio Pérez y Miladis Urbáez.
Y nos preguntamos:
¿Fue la Policía Científica a recoger las huellas de la escena del crimen?
¿Qué declaraciones iniciales recogió el ministerio publico, para identificar a los presuntos criminales?

¿Por qué la población no se sometió al debido proceso y la tutela judicial efectiva de nuestros artículos 68 y 69 de la moderna Constitución del 2010?
Han comprendido nuestro compatriotas de Pedernales que podían quejarse ante la autoridad, cuando el delincuente escapa, abandonando el territorio Dominicano, y con la orden de prisión apostillada y traducida, se inicia la extradición. ¡NO!
La autoridad llego tarde, y en medio de un peligroso arrebato de ira pública, que revela la poca credibilidad de los interlocutores de la justicia en la zona de Pedernales y en el sur profundo de nuestro ministerio publico.
Con la guardia, encabezada por el ministro de Defensa, se logró regularizar el reclamo de Pedernales y con el “fino tacto político” del síndico de Pedernales, que “Suspendió el comercio en los mercados”, de martes y jueves, donde las reglas del mercado superan las reglas y leyes de Migración y “entran to”, a Pedernales, desregularizando a la autoridad.
Sin olvidar a mis maestros, debemos referirnos a la “aplicación de la ley en el espacio” en forma breve y concisa.
Es decir, que en el caso de Pedernales, los asesinos pueden ser estudiados y analizados, con la aplicación de la ley penal, en relación con el lugar que se cometió el crimen y las personas de nacionalidad haitiana que cometieron el crimen.
La solución de ese diferendo siempre ha sido, que la ley penal es territorial, es decir. que su imperio debe estar enmarcado dentro del territorio del Estado que ha dictado la Ley; y es dentro de nuestro territorio donde se debe aplicar a todos los habitantes, importando poco, la nacionalidad de los mismo.
La territorialidad de la ley penal, es un axioma de la soberanía y debe exigirse, de manera enfática por nuestra cancillería, ya que la ley penal no es personal, como en los tiempos de Cristo y en las leyes del Imperio Romano y,  sea cual fuese el lugar de la infracción, lo juzgaban por la ley Romana(Jesús ante Pilato). 

UNA ADVERTENCIA
La rebelión de Pedernales es una advertencia a la autoridad de la Nación, donde no puede negarse la interdependencia que cada día se acentúa y se vislumbra más, con el vecino Haitiano, donde está en juego la ubicuidad del delito y la pena como predijeron Grocio, Garrara, Ferri y otros, ya que los asesinos, son un peligro inminente en todas parte del mundo. 
Liszt, Garrand y Jiménez de Asúa manifiestan los inconvenientes de la desigualdad de las leyes penales, y la construcción de una cultura, una moral social, unos sentimientos y unas costumbres que unifiquen las legislaciones ante el crimen.
Si la ley penal se aplica a los extranjeros (haitianos) en nuestro territorio, no es consecuencia que hayan aceptado la soberanía del Estado Dominicano,  ni en virtud del contrato social de  o de aquel “subitus temporarius” que nos enseñó Faustin Hélié, sino, porque la soberanía nacional se impone “a todos” sobre el territorio, lo mismo que protege a todos aquellos que se encuentran en el territorio, como apuntalaba el maestro Garreaud.

La ley penal se aplica a todos,  sean dominicanos, extranjeros. Las víctimas de los crímenes, con la premisa o condición de que el crimen, se ha cometido en el territorio nacional dominicano.
Por el artículo 3, del Código Civil napoleónico, que es el vigente aquí, se establece que, las leyes de policía y de seguridad obligan a todos los habitantes del territorio, y en el artículo 6, este mismo Código Civil nuestro, se establece: que las leyes que interesan al orden público y a las buenas costumbre no pueden ser derogadas por convenciones particulares.
La palabra “habitantes”   debe ser entendida en el sentido de “persona que se encuentre en el territorio nacional dominicano, sin que importe el tiempo que haya durado la permanencia, o que se tenga o no, domicilio o residencia establecida, en este caso, en Pedernales.
Por tanto, si un haitiano, comete un crimen, sea que ingresó por la frontera ilegal, por avión o por barco, se le aplicara la ley penal dominicana, con el debido proceso y la tutela judicial efectiva, que no es quemarlo con un collar de goma de caucho, ni a pedradas, ni es descuartizarlo por una horda incivilizada y convertida en tribus vengativas, eso ¡NO!
Nuestra idiosincrasia de dominicanos, y lema patrio: Dios, Patria y Libertad, nos obliga a que en la Capital y allá en Pedernales, donde Nace y guarnece la Republica, con la franja divisoria, que no hay ninguna manera de castigar públicamente a los asesinos perseguidos, que no sean los Tribunales, quienes se encuentran escondido en el territorio haitianos, con la aplicación de la ley, estritus sensus y sin dobleces, sin acuerdos judiciales fútiles con un Ministerio Publico desvencijados y mediático, y sin cambiar funcionarios “en entredicho”; sobre todo, sin fractura de la epidermis social de Pedernales, que ha hecho despertar a la Nación con sus bocinas y sus reclamos de Justicia, en hora buena.
¡Alea Jacta est! Pedernales.

Sobre direccion

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

x

Check Also

Siria descubre escondite de líder terrorista del Frente Al-Nusra

DAMASCO.- El Ejército de Siria descubrió un escondite del cabecilla del grupo ...